La Escuela del Caos y la Parálisis Paradigmática

La Escuela del Caos y la Parálisis Paradigmática

Una comedia educativa y metodológica en varios actos

Acto I: El misterio del eterno recreo.

Era un lunes cualquiera en la “Escuela Experimental del Saber Compartido”, aunque de “experimental” solo le quedaba el nombre, es que realmente allí reinaba el caos.

El recreo duraba más que las clases, las sillas parecían estar en huelga, y hasta el timbre se negaba a sonar a tiempo.

El director “Sebas”, con su inseparable taza de café y su corbata perpetuamente torcida, observaba desde la ventana:

El Paradigma Mecanicista-Newtoniano y sus Criterios de Realidad

El Paradigma Mecanicista-Newtoniano y sus Criterios de Realidad

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Les invito a continuar nuestro paseo que comenzamos una soleada tarde de verano en el Ágora de Atenas, de la mano del padre de la cultura occidental, Aristóteles (384a.C-322a.C). Un paseo que ahora nos llevará a conocer cuáles era las cosmovisiones que fundaron lo que ha sido la evolución de la ciencia. Es que como dijimos, y simplificando par que sea manejable, la historia de la evolución de la Física, la «Ciencia Fundamental», se puede entender como la historia de tres grandes Paradigmas: ** I) El Aristotélico.** ** II) El Mecanicista-Newtoniano.** ** III) El Relativista-Cuántico.** Ya vimos, en el artículo anterior, que la cosmología aristotélica, expresada en lo que hoy se conoce como «El Paradigma de la Física Aristotélica» , nos dejó un mundo atiborrado de cualidades y armonía, con ese particular «sentido de la realidad» que nos identifica a los humanos. Tenía que ser así porque el pensamiento de Aristóteles estaba influido, como es lógico pensar, por su período histórico, conformando un campo de realidades que tendría las características propias de dicho período, con el sello distintivo no sólo de la antigua sociedad griega donde se desarrollaría esa práctica discursiva Aristotélica que, a la larga, abriría un sendero en nuestra historia que duró casi veinte siglos.
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En efecto, fue a través de los ojos de Aristóteles, como la humanidad durante dos mil años se explicaba todo lo que acontecía. Se debe destacar que su estudio fue meramente cualitativo, muy intuitivo, ajeno a lo que hoy conocemos como «Leyes Físicas». Así construyo una «Física» basada en las esencias, con las imágenes del mundo accesibles a nuestros frágiles sentidos humanos, por ello de una gran simplicidad y hermosura, en fin, con una visión muy cercana a las experiencias cotidianas, y al margen de esa «atmósfera experimentalista» del empirismo tal como hoy la conocemos, así como también de los dominios de las matemáticas. Hoy día la Filosofía Natural Aristotélica constituye una etapa superada de la filosofía, y por ello el mundo ya no sería lo que fue antes. Una nueva visión puso de manifiesto que no era suficiente especular sobre el mundo, es necesario dudar, razonar, poner a prueba y comprobar una y otra vez. Tendríamos que esperar hasta que surgieran personajes como Copérnico, Kepler, Descartes, Leibniz y fundamentalmente Galileo y Newton, para que nuestro estancamiento intelectual terminara, iniciándose con ellos una gran revolución científica que hoy continúa. Ahora bien, veremos en los siguientes párrafos que no fue, como muchos dicen, el « método experimental » y la observación directa de los hechos, lo que fundó la ciencia moderna. En efecto, No se trata de que antes se estudiasen libros y que a mediados de la Edad Moderna (siglos XVI y XVII) la gente se vuelva por primera vez a mirar los hechos y hacer experimentos, sino de algo mucho más profundo, que tiene que ver con el cómo se mira. Veremos que la transformación fundamental será una transformación de los presupuestos desde los cuales contemplamos el mundo. Lo que hay detrás de la revolución científica es, pues, una transformación ontológica. Comencemos a mostrarlo a través de Galileo Galilei (1564-1642), figura central en la transición de la filosofía natural a la ciencia moderna.

El movimiento para Aristóteles

El movimiento para Aristóteles

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Para el Estagirita el movimiento no es otra cosa que el llegar a ser, por ello es claro que la llamada «doctrina aristotélica del movimiento» no es otra cosa que la “ Ontología Aristotélica ”. En su “ Física” , cada uno de los elementos tiene un “lugar natural” adecuado, determinado por su peso relativo o “gravedad específica”. Cada elemento se mueve, de forma natural, en línea recta —la tierra hacia abajo, el fuego hacia arriba— hacia el lugar que le corresponde, en el que se detendrá una vez alcanzado, de lo que resulta que el movimiento terrestre siempre es lineal y siempre acaba por detenerse. Por otra parte, Aristóteles afirmaba que el movimiento requería de un medio, él no podía comprender las ideas del vacío. Para él, el movimiento de un objeto era inversamente proporcional a la densidad del medio. Cuanto más tenue fuese el medio, más rápido sería el movimiento. Aristóteles creía que si un objeto se moviera en el vacío debía desplazarse en forma infinitamente rápida, lo cual simplemente no ocurría, de forma tal que la materia tenía que rellenar todo espacio vacío. Así también el gran filósofo echó de mano su sentido común y concluyó que, como los objetos que ve a su alrededor acaban deteniéndose, eso debe ser lo que sucede siempre, por ello era de la opinión de que los objetos y la materia solo se podían desplazar siempre y cuando una ** forma de energía  los estuviera empujando** en una dirección dada. Por lo tanto, si se eliminaran todas las fuerzas que estuvieran aplicadas sobre un objeto, como ocurre al lanzar una piedra, entonces el movimiento no se produciría.  Evidentemente mucha gente ponía en duda esta idea, preguntando cómo era que un objeto como una flecha  podía seguir moviéndose hacia adelante una vez que había dejado atrás el impulso que le había transferido la cuerda del arco, pero esas críticas no implicaban un cuestionamiento global a su concepción del mundo físico, aceptado consensuadamente en sus bases fundamentales.
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Aristóteles, para superar esa aporia, propuso la idea de que las flechas y otros objetos creaban una especie de vacío en su parte posterior que resultaba en una fuerza que los hacía desplazar hacia delante, lo cual era consistente con su interpretación del movimiento como una interacción del objeto que se desplaza y el medio a través del cual se mueve… Para ese entonces nada se sabía del estudio de turbulencias. Pues entonces que no se diga que no es brillante su explicación… Es que el reconocido padre de la “Lógica” siempre tenía un “As” bajo la manga. En esa línea de pensamiento Aristóteles sostenía que los cuerpos más pesados de una materia específica caen de forma más rápida que aquellos que son más ligeros cuando sus formas son iguales. Esta visión, que aún perdura en muchas mentes, (es que en pleno siglo XXI, el viejo griego sigue dominando muchas mentes), sería derrumbada 1800 años después por Galileo con su famoso experimento desde la torre inclinada de Pisa…
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En este aspecto es justo decir que son pocas las personas que están viviendo en la segunda década del siglo XXI y están efectivamente ubicadas a la altura de los tiempos. La inmensa mayoría de los que cohabitamos hoy día el planeta están instalados cronológicamente en el mismo, es decir viven en los días que corren, pero no lo están históricamente, no viven la época histórica que nos está tocando vivir, sus creencias y motivaciones son, en muchísimos casos, de siglos pasados, por ello es común que gran cantidad de personas piensen como Aristóteles sobre la caída de los cuerpos… Sobre esta situación, probada hasta en la luna  (durante la misión Apolo 15, por el astronauta David R. Scott), es indudable mucho más atractiva la visión aristotélica que, por su romanticismo, se entiende de corazón. Por cierto Aristóteles creía que la actividad del pensamiento se centraba alrededor del corazón y no en el cerebro … De esa forma argumentaba: *“Una piedra cae porque busca la tierra, su lugar natural, la piedra es tierra y busca la tierra, su movimiento se acelera a medida que el hijo-tierra se acerca a la madre-tierra acentuándose el vínculo afectivo de pertenencia”  * Lo que Aristóteles expresaba finalmente: